
Cuando la distancia parece eterna, lo imposible de los sueños es nuestro aliciente en la realidad inmediata. Lo que parece ser un minueto, se prolonga. Piensa que bailamos una danza antigua: la espera de tiempos mejores. Compás tras compás, nada mejor para acompañar nuestros pasos solitarios; salir a la calle y gritar ha pasado de moda Ahora estamos en espera. Unos de un lado, otros más en los extremos mundiales. Canales de gente en espera de ser transitados. Sí. No. ¿Quién está seguro de lo que afirma? ¿Quién sostiene afirmando lo que ha negado? Quien espera eternamente la distancia sólo sueña el camino; quien eternamente espera se transforma en un sueño oculto; quien te espera en la distancia es porque sabe que en lo hondo del compás con que te mueves, llevas el ritmo paciente de un sueño que te evoca para dejar de esperar.
PlumaParlante

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